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Alberto Greco, el estallido de la revolución.
Como tantos otros, conocí la obra de Alberto Greco en una clase durante el último año de la carrera, cuando por fin llegó el momento de estudiar la audaz vanguardia de los años 60 en Argentina. Sin embargo, mi enamoramiento se desató cuando tuve la fortuna de formar parte de varios proyectos enfocados en su trabajo, específicamente el período 1961-1965 que cambió el curso de su hacer para siempre y que por desgracia se frenó de golpe a causa de su muerte, de la que tanto se ha hablado.
Alberto Greco. Fiesta. Libro de poemas, edición artesanal. 1950. 
Gentileza Galería Del Infinito

Detrás de las fotografías que registraban sus acciones vivo-dito, un manifiesto que las avalaba, dibujos y escritos cargados de sentimientos había un asombroso magnetismo. Así fue como me convertí en una fanática más, absorbida por el encanto grequiano. 

 

Nacido en Buenos Aires en 1931, Greco fue el segundo de tres hermanos y ya desde pequeño el arte parecía ser una escapatoria a una vida un tanto aburrida, por lo que se pasaba los ratos pintando baldosas. Esos primeros años están marcados por cierta desinformación y misterio, en parte porque el propio artista solía inventar relatos acerca de sus orígenes pero también debido a la mala relación que tenía con su madre, lo que lo lleva a irse de su casa siendo aún un adolescente para pasar a vivir con su padre y tía y convertirse desde entonces en un nómade, cualidad que jamás abandonará. 


Si bien asistió durante un tiempo a la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano y a los talleres de Cecilia Marcovich y Tomás Maldonado y Lidy Prati (1947/1948), no recibió una formación tradicional. Aún así se relacionó con el mundo intelectual, literario y artístico de la época y en 1950 escribió Fiesta, una publicación artesanal de 150 ejemplares con tapas intervenidas por Raoul Veroni, donde compila una serie de haikus. La presentó en la librería Juan Cristobal, un evento que terminó con la llegada de la policía acusando a los participante de ser comunistas. Algunos lo llaman su primer happening.

Alberto Greco. Invitación al momento vivo-dito Viaje de pie en metro de Sol a Lavapiés. Impresión sobre papel. Madrid, 1963. Gentileza albertogreco.com
Alberto Greco, imágenes de la acción Viaje de pie en metro de Sol a Lavapiés. Fotografías publicadas en el diario “El Pueblo” el 19/10/1963. Autores: Guarner y César. Madrid, 1963.
Gentileza albertogreco.com

Comparto esta idea sin la intención de establecer una postura tajante, ya que hay muchas otras acciones que realiza más cercanas a esta definición, como por ejemplo Cristo 63 (1963), un curioso experimento entre obra de teatro y “espectáculo vivo-dito” que gesta en Roma con la idea de invitar al público a intervenir en cualquier momento y contar historias, mientras los actores sin saber qué hacer generan una acción por demás caótica que nuevamente llevó a la intervención de la policía.

 

Greco es ingresado en un hospital de monjas del cual escapa y debe fugarse de Italia.

Alberto Greco, imágenes de la acción Viaje de pie en metro de Sol a Lavapiés. Fotografías publicadas en el diario “El Pueblo” el 19/10/1963. Autores: Guarner y César. Madrid, 1963.
Gentileza albertogreco.com

También podemos tener en cuenta como antecedente el momento vivo-dito Viaje de pie en metro de Sol a Lavapiés (1964) que lleva a cabo en Madrid, donde invita a distintas personas a hacer el recorrido de una estación a la otra y pintar en conjunto una gran tela que finalmente queman antes de que (sorpresa) lleguen las autoridades. O su exposición individual Mi Madrid querido (1964) en la galería Bonino, que quedó tan colmada durante la inauguración que las personas salieron a la Plaza San Martín, donde el bailarín Antonio Gades improvisó un baile mientras Greco pintaba su silueta sobre una tela. Puede ser que lo que sucedió durante la presentación de Fiesta no tenga los componentes de un happening, sin embargo me gusta pensarlo como un antecedente accidental, algo que ya alertaba que alrededor de lo que Greco creara sucederían cosas extraordinarias.

Durante los años 50 viaja al norte del país y continúa publicando cuentos. Sin embargo, su gran oportunidad llegará en 1954 cuando finalmente logra ingeniárselas para irse a París. El resto de su vida estará ligada a Europa: pasa largos períodos en Francia, Italia y en especial España, donde realiza un cuerpo de obra por demás significativo. 

 

El objetivo de este texto es evaluar si es posible considerar a Alberto Greco como un antecesor de la performance y un activista precoz en la utilización del cuerpo como canal de comunicación y medio de expresión, no sólo en Argentina sino a nivel internacional.

Alberto Greco ¡qué grande sos! Registro por Sameer Makarius. Buenos Aires, 1961. Gentileza Galería Del Infinito
Alberto Greco ¡qué grande sos! | Registro por Sameer Makarius | Buenos Aires, 1961. Gentileza Galería Del Infinito
Alberto Greco ¡qué grande sos! Registro por Sameer Makarius. Buenos Aires, 1961. Gentileza Galería Del Infinito

Alberto Greco el grande

 

A partir de 1959, Greco será uno de los impulsores del informalismo en Buenos Aires. No obstante, el encasillamiento no lo satisface y considera que el signo pictórico va más allá, a pesar de la buena acogida que sus pinturas reciben en el ámbito artístico local. Desde el inicio de la nueva década Greco “veía el arte como una acción, una aventura continua, algo que acontece en cada uno”1, lo que desembocará en un cambio radical a partir de 1961, cuando se aleja de la pintura a modo de protesta. La noción de que arte=vida se hace cada vez más presente en su recorrido artístico y espiritual y pone en evidencia su naturaleza inquieta, que avanza sin temor a abandonar expresiones artísticas que siente están agotadas. 

 

En noviembre de ese año realiza en la esquina de Corrientes y Libertad una instalación de dos piezas gráficas, Alberto Greco ¡qué grande sos! y Alberto Greco, el pintor informalista más importante de América. Este gesto propagandístico es uno de los primeros antecedentes de lo que el artista gestará como acciones de suprema reinvención. 

 

Estableciendo una aparente pasividad, orquesta una situación que otro ejecuta (en este caso quien pega los carteles), en un entorno cotidiano y alejado del mundo del arte. Está acompañado por el fotógrafo Saamer Makarius quien se ocupa del registro, un valioso documento que pondrá en evidencia lo sucedido. El secuaz anónimo se concentra en su tarea, mientras Greco interactúa con algunos transeúntes que pasan. 

El mensaje es rotundo, el artista se ha autodenominado el pintor informalista más importante del continente. Por medio de esta expresión de arte vivo se burla de todo y juega con los conceptos que determinan lo que puede interpretarse como obra, al mismo tiempo que rompe con la idea de artista sagrado.

Toma elementos de los medios masivos de comunicación como mecanismo para crear nuevos sentidos y al apropiarse del famoso eslogan de Perón, genera algo fácilmente identificable en la calle, a pesar de que no se trata de una contrarespuesta a la política ni tampoco una adhesión sino algo que va mucho más allá.

 

La necesidad de autoproclamarse dejando una huella puede rastrearse desde mediados de los años 50, cuando escribía sobre puertas, paredes y en baños públicos “Greco puto”, algo que lo aferra a la necesidad de existencia. Como bien sostiene Ana Longoni en relación a investigaciones de Fernando Davis:

 

Fernando Davis ha analizado -recurriendo a las figuras del flaneur puto, el dandy lumpen o el errante sexual- como escena inaugural, en una lectura en clave queer del arte argentino, aquellos míticos grafitis “Greco puto”, que inscribió desde 1954 en París, en paredes de baños públicos, lugares de encuentros homosexuales furtivos. En ese acto de presentación y ofrecimiento en castellano en un lugar marginal de la ciudad-luz, señala Davis, hay un “desplazamiento cuir de la lengua a través del cual la marica argentina torsionaba desafiante e incómodamente la doble marcación del cuerpo como puto y extranjero” en una “deriva dislocatoria del artista migrante.

Greco continuará dejando esas evidencias por las calles de España, en monumentos de Roma y en sus furtivos regresos a Buenos Aires.

Alberto Greco. Primera exposición de arte Vivo-Dito, París, marzo de 1962. Archivo CVAA, 
cvaa.com.ar

Vivo dito, la expresión del arte vivo

Corre el año 1962 y Alberto se encuentra en París, donde camina por las calles circulando a gente y objetos que señala y firma con tiza. En su paso por Génova pone en palabras lo que viene palpando hace tiempo: que todo puede ser arte y que hay que estar cerca de la gente. Una vez más utiliza  la calle como medio para comunicarse, donde sale a pegar su “Manifiesto Dito dell'ARTE VIVO” escrito en italiano e impreso como afiche. La acción está siempre presente, sin embargo esta vez nadie lo registra. Se encontrará luego, como explica Marcelo Pacheco:

 

(...) llenando las paredes de Roma con graffitis que proclaman la nueva “aventura de lo real”. Maldito y único, su doble promiscuidad en la vida y en el arte, sus turbulencias públicas y sus trabajos radicales no dejan de ser, aún hoy, acciones incómodas que tratan de rodearse dando vuelta por espacios que lo presentan exasperado pero controlado.3 

A través del Manifiesto -que luego traduce y amplia al español- Greco expone el pensamiento radical detrás de estas acciones, que lo colocan como un iniciador y agitador que cambiará el rumbo de su propia ideología creadora para transformarse en un artista único.

Alberto Greco. Primera exposición de arte Vivo-Dito, París, marzo de 1962 (en el círculo el artista argentino Alberto Heredia)
Archivo CVAA, 
cvaa.com.ar
"El arte vivo es la aventura de lo real. El artista enseñará a ver no con el cuadro sino con el dedo. Enseñará a ver nuevamente aquello que sucede en la calle. El arte vivo busca el objeto pero al objeto encontrado lo deja en su lugar, no lo transforma, no lo mejora, no lo lleva a la galería de arte. El arte vivo es contemplación y comunicación directa. Quiere terminar con la premeditación que significa galería y muestra. Debemos meternos en contacto directo con los elementos vivos de nuestra realidad. Movimiento, tiempo, gente, conservaciones, olores, rumores, lugares y situaciones. ARTE VIVO, movimiento DITO. Alberto Greco 24 de julio de 1962- hora 11,30"4
Manifiesto Dito dell´Arte Vivo . Impresión tipográfica. Génova, 1962.
Gentileza albertogreco.com

Lo que sucede posteriormente y hasta su fallecimiento está plagado de signos performativos. La necesidad de volcar el cuerpo se hace cada vez más presente, incluso en obras que develan su otra gran pasión y que están ligadas al uso de la palabra, en las cuales encontramos evidencias de su existencia en escritos, cartas, obras en papel, por medio de frases como “no es cuestión de entender sino de existir” y culminando con su última gran novela Besos brujos de 1965. Vida y arte, arte y vida, alegrías, penurias, mal de amores, sufrimiento carnal: todo está presente.


Un viaje a Piedralaves

En 2017 fui a conocer el pueblo de Piedralaves, Ávila, donde Greco había hecho algunos de sus vivo-ditos más relevantes, con el anhelo de rastrear los rincones donde había sucedido la magia. Llegué a la hora de la siesta, cuando dormían hasta las moscas para resguardarse del calor descomunal y sólo un lugar seguía abierto. Mientras comía sentada en la barra, los jóvenes que atendían el restaurante se me acercaron curiosos a preguntarme qué hacía allí. “Vengo a conocer el pueblo que Alberto Greco transformó en 1963” dije orgullosa, mientras les mostraba las fotos. Pero para mi sorpresa no tenían idea de lo que estaba hablando.

 

Si bien no indagué tanto como Paula Pellejero, cuya investigación está recopilada en el documental Alberto Greco fuera de catálogo 5, me di el gusto de deambular por esas callecitas, rastrear sus pasos y visualizar lo que había sucedido unos cincuenta años atrás, cuando Greco se instaló allí por un tiempo y realizó esa serie de acciones registradas por Montserrat Santamaría, una joven fotógrafa española que también se encontraba en el pueblo. 

Durante ese período crea el Gran Manifiesto-rollo arte Vivo-Dito -de 300 metros de largo- donde compila escrituras, imágenes, collage, fotos y anotaciones. En el proceso lo acompañan algunos niños curiosos que también participan de la intervención y hasta se roban el papel higiénico de las casas para colaborar con la causa. Además de recorrer el pueblo con el rollo, Greco alienta la participación de las personas, interviene papeles y cartones tirado en la calle y firma a la gente.6
Alberto Greco en Piedralaves. Registro por Montserrat Santamaría. Piedralaves, 1963.   Gentileza Galería Del Infinito
Alberto Greco en Piedralaves. Registro por Montserrat Santamaría. Piedralaves, 1963.   Gentileza Galería Del Infinito
Considerando el contexto socio-político que se estaba viviendo en España, podemos imaginar que los habitantes de un pequeño pueblo a una hora y media de Madrid no estaban muy involucrados con la movida cultural contemporánea que sucedía en la capital, por lo que para muchos Greco era un excéntrico o algo peor. Mientras que algunas de las mujeres creían que había llegado el anticristo, otros argumentaban que sus acciones eran “propaganda pagada por los rusos” como narra el propio artista en una carta que envía a Laurence y Manuel Viola.7 Por medio de estas manifestaciones efímeras potencia el concepto de arte vivo (vivo-dito), se sumerge en el proceso de experimentación de una nueva concepción y corre para siempre los límites del arte, eligiendo hacerlo una vez más desde un lugar periférico.

Besos brujos 

En 1965, entre Ibiza y Madrid, Greco escribe Besos brujos, una novela que ha sido denominada en algunas ocasiones como plástico-performática, un concepto que abrazo con fuerza. Se trata de 130 páginas de tramas enredadas, dibujos y garabatos que vomita de forma desgarradora, relatos de literatura popular, historias de espías y Far West, novelas de romance, correo de lectores, lanzamiento de concursos, pasajes del horóscopo y su historia de desamor con Claudio Badal, un joven chileno con quien tuvo una tormentosa relación y a quien dedica esta obra. Sin importar si los detalles biográficos que figuran son exactos, ya que es verdad que no todo lo que Greco decía acerca de sí mismo era real, en esta novela está depositada su humanidad entera.

 

¿Acaso habría querido que sus penurias se hicieran públicas? ¿Puede entenderse a Besos brujos como un grito de ayuda? Son muchas las preguntas pero pocas las respuestas que giran en torno a esta obra, que muchas personas creían era sólo un mito. Quizás la habría publicado, transformada en una obra de teatro delirante o se la habría enviado a Claudio. Quizás sabía que no habría más arte después de Besos brujos. Lo cierto es que en ella se demuestra el humor y la enorme sensibilidad de este artista, al igual que el profundo dolor que cargaba.

no sé nada de ti. Y en el fondo lo prefiero, 

aunque a veces me muero por no llamarte. 

No te perdonaré nunca que hayas venido 

a esta isla sabiendo que yo estaba. 

Habiéndonos prometido no vernos más, Claudio. 

¿Por qué lo hiciste? 

¿Por qué eres tan cruel mi amor? 8

Cuando tuve la oportunidad de leer Besos brujos comprendí que Greco estaba latente en cada una de esas palabras. Su sufrimiento me conmovía, se me hacía familiar y cada sensación se me pegaba como un chicle en la memoria. Esta novela fue su carta de despedida, la culminación de un camino revolucionario, donde también habían confluido el cuerpo como canal de comunicación y el amor por el gesto y la palabra. Después de eso Alberto Greco decidió quitarse la vida, un desenlace que sorprendió a pocos, ya que sus amigos manifiestan que a menudo hablaba del suicidio. Y si bien no es mi intención ahondar en las múltiples teorías alrededor de su muerte ni conceptualizar el dolor ajeno, rescataré el hecho de que antes de tomar los barbitúricos volvió a hacer uso de la palabra, escribiendo fin sobre su palma izquierda. A partir de ese desenlace nació la leyenda y Greco pasó a ser un gran mito. 

 

Su corta y efervescente carrera fue, entre otras cosas, un asombroso antecedente de la performance a nivel local e internacional, que amplió las posibilidades en torno al arte para volverlo más auténtico, acercarlo a la gente y apreciar la relevancia en lo mundano, nociones que rescataron muchos artistas después de él. Expuso su cuerpo, se hizo uno con sus obras y, como bien explica Estrella De Diego, anheló “la vida como eterna performance, el arte y la vida camuflándose a cada paso”.9

Alberto Greco. Albertus Grecus XXIII. Ciudad del Vaticano, Roma. Diciembre de 1962, fotoperformance.
Foto: Claudio Abate. Archivo CVAA, 
cvaa.com.ar
1 http://www.albertogreco.com/
2 Aguilar, G., Cámara, M., Cippolini, R., De Diego, E., Frigerio, S., García, M.A., Longoni, A., Pacheco, M.E., Tantanian, A., Usubiaga, V. (2016). Alberto Greco ¡qué grande sos!. (Catálogo). Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, pp. 100 y 101.
3 Aguilar, G., Cámara, M., Cippolini, R., De Diego, E., Frigerio, S., García, M.A., Longoni, A., Pacheco, M.E., Tantanian, A., Usubiaga, V. (2016). Alberto Greco ¡qué grande sos!. (Catálogo). Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, p. 28
4 http://www.albertogreco.com/
5 https://www.youtube.com/watch?v=c_IwR6gPtVM&t=1063s
6 En Gran manifiesto-rollo arte Vivo-Dito, Greco escribe su propia cronología del vivo-dito:
1954 Firmé paredes, objetos, calles y baños de París en compañía de la Penalva Lerchundi
1961 Firmo la ciudad de Buenos Aires
1962 Febrero expongo ratas vivas Sala Balsac galería Krause
1962 Museo Arte Moderno París me consagro y me expongo como obra de arte
Junio 1962 Manifiesto dito (dedo) del Arte Vivo
1962 Agosto – París primera manifestación de Arte Vivo-dito dedicada a K.W.Y. consistía en firmar viejas y negocios de antigüedades
1962 firmo 32 cabezas de cordero degolladas en el mercado Leal de París. Firmé el mercado con un dedo en el aire
1963 incorporación de Objets vivant (gente) a las telas
Fuente: http://www.albertogreco.com/
7 Extracto de la carta que escribe desde Piedralaves y puede encontrarse en http://www.albertogreco.com/
8 Greco, A (1965). Transcripción de Besos brujos. Fuente: http://www.albertogreco.com/
9 Aguilar, G., Cámara, M., Cippolini, R., De Diego, E., Frigerio, S., García, M.A., Longoni, A., Pacheco, M.E., Tantanian, A., Usubiaga, V. (2016). Alberto Greco ¡qué grande sos!. (Catálogo). Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, p. 205
Melisa Boratyn es Licenciada en Curaduría y Gestión de Arte (ESEADE). Trabajó en las áreas de producción y coordinación de ferias y muestras en las galerías Del Infinito y Elsi del Río. Desde 2008 se desempeña como curadora independiente y dicta cursos de curaduría, mercado, historia del arte argentino y latinoamericano. Escribe para las revistas online Maleva Mag, Zibilia y anteriormente La Curandera. Desde 2017 dirije el proyecto Homenajes urbanos junto al artista Ale Giorgga. Edita y publica libros de arte de forma independiente desde el año 2016, entre los que se encuentran Andrés Sobrino: y Femininjas de Fatima Pecci Carou, entre otros. En 2019 cofunda NOHI, un proyecto que explora diversas formas de enseñanza y acercamiento a la cultura. 
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