Redes, cuerpos y conocimiento performativo

Por Magdalena Day



Carlos Martiel, Encomienda. Centro Cultural Kirchner. Buenos Aires, 2018. Foto: Marcelo Baiardu



El término performance suena en distintos ámbitos y disciplinas que van desde los negocios y el deporte hasta el ámbito científico, sin aparente relación y en muchos casos con significados opuestos al que denota la performance art. Lo que puede percibirse como amplitud de un término para ser utilizado en diferentes campos y situaciones -como maleabilidad del lenguaje- es también una oportunidad de la filosofía para reflexionar.


En teorías interdisciplinares de redes, que van desde la teoría social hasta la ciencia de las redes, por ejemplo, este término remite al rendimiento o desempeño de un nodo (puede ser un ser humano) en una red. Tiene que ver con la capacidad de almacenar/recibir información y está relacionado también con la posición en una red, como por ejemplo, de centralidad, en base a la densidad de su actividad como receptor/emisor de información agregando valor.


Es decir, el término performance hace alusión más bien al feedback, como se denominaba en la cibernética: recibir y transmitir siempre información. Y ya que somos parte de un feedback constante, performance en este sentido tendría que ver con “llevar información”: el cuerpo como un dispositivo y las posibilidades de “reproducir data”. Performance entendida como intervención-acción en el espacio público y performance como desempeño en una red en definitiva reflejan la preeminencia de lo eventual sobre aquello que puede permanecer: estructuras políticas, discursos, información y data, etcétera.


Tal eventualidad es la que señala la nota del New York Times (Reyburn, 2019) que demuestra el furor por la performance art en todo el mundo y la dificultad de hacerla entrar en un circuito comercial tradicional. Aunque una performance requiera meses de preparación, personas, objetos y relaciones para poder tener lugar, no es un objeto a ser colgado en un museo ni una obra a ser repetida religiosamente, aunque pueda contener cierta repetición y un espacio específico cada vez que se realiza (Taylor, 2015, p. 17). Diana Taylor señala esta posibilidad de cambio en la repetición, de crítica y creatividad del que la realiza. Es por esto interesante considerar cómo opera la performance art en la construcción de conocimiento.



Las performances operan como actos vitales de transferencia, transmitiendo el saber social, la memoria y el sentido de identidad a partir de acciones reiteradas. (Taylor, 2015, p. 22)


Al mismo tiempo, encontramos la afirmación de Schechner sobre cómo “algo es performance o algo se puede estudiar o entender como performance” (2015, p. 25). La performance art denota la posibilidad del cuerpo por fuera de esas relaciones de tipo instrumental, y sobre todo, del cuerpo con el espacio: posibilidades de expresión que permiten ser y estar, apreciar el arte o de utilizar el espacio público. Qué es conocimiento, en términos de teorías de la información y redes, nunca va a considerar al cuerpo, sino que se restringe a la acción comunicativa dentro de una red, a una información que se orienta a ser aplicada a.


Pero en la actualidad, ¿es tan clara esa separación entre cuerpo e información? La antigua oposición entre físico-presencial/digital ha quedado cada vez más diluida. Las formas de activismo y de construcción de identidad se basan en las posibilidades que ofrecen las redes sociales y las plataformas digitales de comunicación de Internet (Castells, 2015). Butler se refiere a las posibilidades de asamblea, esto es, de acción social colectiva como apoyadas en las redes virtuales. Es más, esta virtualidad o soportes de todo tipo son parte de las condiciones orgánicas que necesita el cuerpo para aparecer en el espacio público (Butler, 2015, p. 8). Por otro lado, para Butler no todos pueden poner el cuerpo en el espacio público o aparecer, por lo tanto aquellos que están restringidos y que también forman parte de un colectivo o comparten reclamos están participando a su manera de esos movimientos del cuerpo.




Sofía Durrieu, In-tacta. Perfuch, UV Studios. Buenos Aires, 2017.



Esto es lo que tanto Butler como Castells comparten: una redefinición del espacio o esfera pública y una necesidad de construir discursos y acciones tanto en lo físico como lo digital-virtual. En este sentido, lo que suceda en las redes (sociales y redes como formas de asociación) deja de ser parte de un permanente feedback para pasar a comprenderse como parte de esas apariciones en el espacio público, como participando de la acción de poner el cuerpo y ocupar espacios que otros no pueden. Por ende, en épocas de performance como “representación” (Taylor, 2015), la performatividad se entiende como el movimiento de un cuerpo hacia un espacio público, representando muchas veces a aquellos que no pueden hacerlo conmigo.


Las calles, las plazas, los reclamos populares, la deliberación y la construcción de identidad tienen espacios duales, ya que el poder circula por los flujos de información (Castells, 2015, p. 246; Butler, 2015, p. 11). La oposición a cualquier intento de dominar uno de esos espacios debe entonces ser dual. La “red” como espacio público requiere formar parte de deliberaciones virtuales y movilizarse al espacio público (Day, 2018, p. 190).



Un cuerpo que es el mismo tiempo soportado y agente se presume como condición necesaria para todo tipo de movilizaciones. Pero el punto es precisamente subrayar que el cuerpo no está aislado de todas esas condiciones, tecnologías y procesos de la vida que lo hacen posible.
(Butler, 2015, p. 127-128)


Mi interrogante entonces, volviendo al inicio de la comparación en los usos de performance en teorías de redes y en la performance art es qué de todo esto se refiere al conocimiento, entendido como algo más que la organización de data y habiendo repasado nociones de la performance art como la de Taylor, en la que se relaciona con “transmisión de saberes”. Si bien saber y conocimiento difieren en cuanto a su rigurosidad (el primero es más utilizado en filosofía y el segundo en la ciencia), en los dos casos aluden a algo que se construye social y colectivamente. En este sentido la performatividad se entendería como vinculada a la agencia de lxs actores: la posibilidad no sólo de buscar información o ser parte del desempeño en una red, en términos racionales, sino de poner algo en palabras y de aparecer en un espacio como efecto de esas palabras (Butler, 2015, p. 205).



Mi propia existencia entonces, mi propia supervivencia, depende de este sentido más amplio de la vida, uno que incluye la vida orgánica, ambientes vivos y sostenibles, y redes sociales que afirman y soportan la interdependencia. Ellas constituyen quién soy.
(Butler, 2015, p. 212)


La construcción de conocimiento en red incluye entonces la instancia virtual como la física, la indagación conectada entre personas que comparten intereses e interrogantes y las posibilidades de establecer una relación en un espacio en donde se sitúa esa transmisión de saberes que realiza el cuerpo en una performance. Esto podría igualar la posibilidad de co-construir una performance entre un artista y sus redes. Por ultimo, vale aclarar que estas son reflexiones de una investigadora que aborda al término performance desde disciplinas sociales, explorando las posibilidades de generar un diálogo con las artes, que es el caso de la performance art.



Carlos Herrera, Pan agua jabón vos. Centro Cultural Kirchner. Buenos Aires, 2016.



Los trabajos de Butler y Castells abordan el tema de la agencia colectiva y de las redes sin entenderlas como medios de difusión sino como espacios sociales, en los que la práctica social (su alcance y dificultades) encuentra nuevas direcciones y texturas. La performance art como disciplina artística y como arte-investigación puede justamente situar al cuerpo en medio de las discusiones sobre la instrumentalidad de los flujos de información y lo efímero de una acción política que se constituye en reclamos específicos.



Las acciones que son performativas son irreducibles a aplicaciones técnicas y se diferencian de formas pasivas y transientes de experiencia. Por lo tanto, cuándo y cómo se está sufriendo esa transitoriedad, está aquí para ser transformada en la vida de acción y pensamiento, y esa acción y pensamientos tienen que ser performativos en un sentido ilocucionario, modelado en un juicio estético, trayendo algo nuevo al mundo. 
(Butler, p. 205)


Lo que une a diferentes disciplinas puede ser un término, pero lo que puede aportar la performance art es ayudarnos a comprender esa posibilidad única del cuerpo de transformarse, uniendo acción y pensamiento. Mi deseo es que de este diálogo entre investigadores, practicantes de distintos campos y artistas surja algo nuevo.



Referencias bibliográficas


Butler, J. (2015). Notes toward a performative theory of assembly. Harvard University Press.

Day, M. (2018). De la identidad a la autonomía: los movimientos sociales en red en la obra de Manuel Castells. Reseña de libro. MILLCAYAC - Revista Digital de Ciencias Sociales, V (8), 187-194 http://revistas.uncu.edu.ar/ojs/index.php/millca-digital/issue/view/86

Reyburn, S. (2019). It’s the Art Form of the Moment (but It’s a Hard Sell). New York Times. https://www.nytimes.com/2019/09/09/arts/design/performance-art-market.html

Taylor, D. (2015). Performance. Asunto Impresiones

Terranova, T. (2006). The Concept of Information. En Theory, Culture Society, 23, (pp. 286-288). http://tcs.sagepub.com/content/23/2-3/286


Magdalena Day es investigadora y candidata a Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), en donde también se graduó de Licenciada en Ciencia Política y Administración Pública.

Sus áreas de investigación incluyen la producción de conocimiento, la comunicación entre disciplinas, el funcionamiento de la ciencia, la pedagogía y el arte, el impacto de la tecnología en la sociedad y la relación entre lo local y las problemáticas globales.

Coordina y dicta clases en el Diplomado en Aprendizaje y Enseñanza en red. Ha sido invitada a dar clases en cátedras de Sistemas de Información y Redes, cursos de especialización en Redes Sociales y en la cátedra de Epistemología de las Ciencias Sociales de la UNCuyo.

Vive y trabaja en la Ciudad de Mendoza, Argentina.


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